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Somos la Comunidad de Fieles que integra la Parroquia de Santiago Apóstol en La Línea de La Concepción, situada en la Provincia de Cádiz, en Andalucía, al sur de España y que es parte de la Iglesia Católica Apostólica Romana (ICAR) *, la Iglesia visible, de obediencia a la Santa Sede.
Esta feligresía queda dentro de los límites siguientes: Una línea que partiendo del mar de levante pasa por el eje de las siguientes calles: Avda. del Ejército, Gibraltar, Mateo Inurria, Menéndez Pelayo, Sócrates, hasta el mar de Levante
Quiénes (y lo qué) no somos
No somos idólatras: respetamos el derecho a la ignorancia pero no aceptamos las ofensas y distorsiones mal intencionadas. Lo más probable es que quienes quieran acusarnos de tal herejía tengan en su casa alguna foto de su abuela, un paisaje colgado en la pared, un pingüino de porcelana sobre la nevera o una estatuita un enanito de cerámica en el jardín. Podemos afirmar que adoramos imágenes tanto cuanto ellos adoran a esos distintos objetos. Nosotros solo adoraMOS A DIOS [CIC 2096, Catecismo de la Iglesia Catolica].
La imagen de un santo es apenas un recordatorio tan entrañable cuanto la foto de la abuelita. Es al mismo tiempo agradable de ver, un recordatorio y una ayuda visual al pensamiento. Es así como ya lo usaban los cristianos primitivos. El origen de hacer tales representaciones de pasajes bíblicos o de santos es muy simple. ¡Hasta muy recientemente (un par de siglos) la casi totalidad humanidad era analfabeta! Por eso en las iglesias más antiguas frecuentemente se ve la representación de pasajes enteros de la Biblia representados pictóricamente. Era la forma de permitir que el pueblo “leyera” pasajes de la Biblia y aprendiera sobre los santos. Nada más que eso. ¿Muy lógico y útil, verdad?
No somos parte de una iglesia italiana: algunas personas confunden la palabra “Romana” en la denominación de la Iglesia. Desconocen que la Roma a la cual se hace referencia es la “Roma de Pedro”, la “Roma de los Mártires” de los tiempos del Imperio. Además de la coincidencia de nombre y de lugar, nada más tiene que ver con la actual capital de un país relativamente nuevo. En otras palabras, mucho, pero mucho tiempo (casi dos milenios) antes de la creación del estado italiano la sede de la Iglesia ya estaba allí, y por eso desde aquellos tiempos remotos ya era y se llamaba romana. [CIC 195]
No somos contra nadie: La falta de información puede llevar a interpretaciones equivocadas y a falsas creencias. Cada uno es lo que es y nadie tiene el derecho de obligarle a cambiar. Eso es un derecho natural y tiene todo nuestro respeto.
La Iglesia ama al pecador pero odia al pecado. Cuando la Iglesia desaprueba algo siempre es relativo a un acto, un hecho o actitud. Nunca la persona.
Eso es muy fácil de ser manipulado fuera de su contexto y hay quienes no tengan escrúpulos a la hora de sacarle tajada en provecho propio. Muchos colectivos son “especialistas” en eso.
No es asunto de la Iglesia si una persona es alta o baja, negra o blanca, ateo o musulmán, hetero u homosexual, obrero o político, artista o empresario y todo lo que más se quiera. Para ella son todos hijos de Dios, todos iguales.
A un ateo no se le criticaría por no coincidir con su postura pero si un católico roba seguro que la Iglesia no aprobará ese hecho. Pero le proporciona a la persona los medios (no la obliga) para que esta pueda reparar su falta. Y eso no es ir “en contra” de esa persona. [CIC 459]
No somos una “Religión del Libro”: Distintamente de algunas otras religiones, la nuestra no la es. La nuestra es la “Religión de la Palabra”, la del Verbo Encarnado que es Jesucristo. La Biblia es un libro que “contiene” a esa Palabra. La Biblia en sí es solo un libro al cual reverenciamos por ser escritura inspirada pero que no adoramos porque ella no es Dios ni ocupa su lugar. [CIC 108]
Tampoco seguimos solo a la Biblia, pues ella misma en ningún lugar determina que deba ser así.
Cuando Pablo le escribe a Timoteo “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para ensenar, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena” 2Tim 3,16-17 él solo podía estar refiriéndose al Antiguo Testamento, ¿Verdad? ¿O es que el Nuevo Testamento ya había sido escrito en esa época o, todavía peor, lo que Pablo iba diciendo por ahí, él mismo ya lo iba también llamando “Escritura”? (Pára y piensa…)
En sus primeros siglos la Iglesia estableció la composición de la Biblia tal como la tenemos hoy. Ha promulgado el canon que la definió pero nada le ha cambiado al contenido original de los libros que la componen porque eran de inspiración divina. Las diferencias a ese canon encontradas en los textos de algunas versiones han sido introducidas por hombres durante estos últimos siglos.
Somos la Iglesia creada por el mismo Jesucristo y se fundamenta en el trinomio Escritura-Magisterio-Tradición. [CIC 95]
No somos agresivos y ni ofensivos hacia la religión de los demás para justificar la nuestra: Ya estamos acostumbrados a los ataques (desde los tiempos de las persecuciones del Imperio Romano), en fin, no es por otra cosa que la nuestra es la “Iglesia de los Mártires”.
Es misión de todo cristiano evangelizar, pero no nos verán asediando a los hermanos de otras denominaciones, criticándoles en sus creencias y practicas para traerlos a la nuestra. Por el contrario, nos esforzamos por cumplir los programas ecuménicos, para una más grande identificación y sana unión entre todos los cristianos. No podemos concebir que alguien pudiese creer que atacándonos los unos a otros, los cristianos pudiéramos ser más fuertes para resistir a las crecientes agresiones de nuestro tiempo.
Y por encima de todo, sin discriminación alguna, porque amamos a nuestro prójimo (Jn 13:34 “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros”). [CIC 2196]
No somos ignorantes ni ingenuos: Lo que somos es creyentes. Muchas veces el que no cree nos mira con cierto recelo o condescendencia por nuestra ignorancia para interpretar la realidad del mundo tal como ellos, sí, tienen la capacidad de percibirla. Es como si ellos supieran de algo que nosotros –gente ingenua- no conseguimos alcanzar.
Pero es que como creyentes tenemos también una otra opción que aquellos quizá no lleven en cuenta. Y es que en vez de adoptar “su” modelo adoptamos el de otros que quizá sepan algo que ellos tampoco pueden alcanzar ;-)
Por ejemplo, preferimos adoptar como modelo algunos otros creyentes, tales como Descartes (¡el padre del Racionalismo! ¡Viva la Iluminación!), Gauss, Copérnico, Pascal, Newton, Kepler, Leverrier, Galileo, Von Braun, Leonardo da Vinci, Euler, Leibnitz, Fermat, Ramón y Cajal, Max Plank, Rousseau, Pasteur, Alexander Fleming, Marie Curie, Tycho-Brahe, además de una inagotable lista de genios que seguramente también sabían algo que nosotros todavía no.
Y para cerrar la lista con llave de oro, presentamos a un creyente más, de esta vez uno no-católico: “El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la Ciencia logra abrir”, Albert Einstein.
No somos supersticiosos: No creemos en amuletos, en “suerte”, adivinanzas, en predestinación, santerias, objetos mágicos o milagrosos y cosas semejantes. [CIC 2116]
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